Escapar a las montañas, para estar más vivo que nunca. Conozcan a Tierra del Volcán

Tan solo ayer les contaba sobre el uso de internet en Ecuador (link), es impresionante ver y sentir su movimiento que si bien ha traído oportunidades a muchos de nosotros, también nos mantiene conectados a un sistema que en ciertos momentos no nos permite percibir otras cosas mucho más magnificas y bellas que nos rodean.

Todos tenemos nuestros trabajos, y para algunos de nosotros estar muy conectados es parte crucial de nuestro oficio. Con el tiempo eso ha hecho que cada vez me sienta más atraída por la naturaleza y escapar aunque sea por un par de días de ese mar de información con el que vivimos diario.

Así llegue a Hacienda El Porvenir, manejada por Tierra del Volcán (link), una hacienda ubicada en las faldas del Cotopaxi y que ha sido reconocida por medios como el New York Times. Se podría hacer una larga lista de sus reconocimientos, pero prefiero contarles sobre mi experiencia.

Es muy común que esperemos un feriado para salir de la ciudad, sin embargo el viaje a Tierra del Volcán desde Quito es algo que no toma más de dos horas y media (muchos pasamos ese tiempo atascados en el tráfico de la ciudad), es un traslado bastante sencillo en auto y fácil de ubicarse. A medida que se llega, causa mucha emoción ver que la señal del celular disminuye a la vez que la piel comienza a sentir ese viento de montaña.

Al llegar, una gran casa de hacienda mezclada con colores rojizos y celestes se hace imponente en medio de tanto de verde. Por ahí aparecen algunos perros que reciben moviendo su cola hasta llegar a la puerta principal donde comienza toda una experiencia en atención al cliente. Este es un lugar que ha trabajado mucho en la calidad humana de todos quienes viven y trabajan ahí, es muy sencillo sentirse en casa y dejarse llevar por los mimos que brindan. Desde sus sonrisas hasta ese canelazo con el que reciben para adaptarse al clima y altura.

 

Yo llegue un viernes entrada la tarde, pude ver la puesta del sol en una sala abrigada por una chimenea que nunca se apaga y donde tomarse un té y/o un café es posible en cualquier momento del día. La vida en el campo es mucho más tranquila, más lenta se podría decir… da tiempo para escuchar los pensamientos y ayuda a ponerlos en orden. Realmente es sencillo sentir el tiempo y vivir el presente mientras se escucha crujir las maderas en el fuego.

Después de una cena en la que cuentan con ingredientes propios de la zona, no me imagine que con el simple hecho de regresar a la habitación me encontraría con nuevas muestras de su calidez hospitalaria. Una chimenea pendida y una bolsa de agua caliente debajo de las sábanas no solo ayudan a combatir el frio de las montañas, sino que también dan un espacio hogareño y armonizador estando tan lejos de todo. Cosas que por más sencillas que sean realmente ayudan a poner en perspectiva el ritmo de vida de vida que tenemos a diario.

Al día siguiente aproveché para realizar algunas de las actividades que se encuentran en la hacienda desde paseos en bici, caminatas, cursos de cocina, spa… Pero, sin duda, una de las que más me emocionaba era un paseo a caballo junto a Rafael, uno de los chagras por herencia de la zona. Aquí, para los que visiten la hacienda, les recomiendo mucho, muchísimo estar cerca de Rafael. Preguntarle todo lo que puedan. Es magnífico escuchar todas las experiencias que tiene. Desde recordar la primera vez que montó un caballo, las anécdotas de sus ancestros haciendo viajes hasta Guayaquil a caballo así como sentir ese orgullo de decir “un chagra es el que puede enlazar un toro, eso es lo que debe hacer”.

Rafael

En un camino que dura aproximadamente dos horas a caballo, es un verdadero paisaje ver a Rafael sobre su caballo como parte del mismo. Aunque su rostro es difícil de ver por que está cubierto para evitar el frío, en sus ojos es evidente el amor y vinculo que siente por su montaña. Para mi fue un privilegio poder ir a su lado escuchando sobre todas las tradiciones que se mantienen en la hacienda. Desde las salidas a enlazar toros en grupos de varios chagras, saber cómo doman a sus caballos y su emoción por contar la personalidad de cada uno de ellos.

Rafael

“El suyo es el Cantinero –me dijo- ese es uno de los más rápidos. Es de los que pasa muy rápido al toro, pero se asusta con la soga al momento de enlazar, eso es lo malo, pero ya aprenderá…. Por eso casi siempre voy en el Castaño, este es fuerte, rápido y no se asusta, si viera los toros que hemos enlazado”. Es muy sencillo volver a sentirse como un niño escuchando sus historias, y sobre todo maravillarse por saber que esas cosas todavía pasan y que existe un lugar donde los chagras, continúan siendo… chagras.

Cantinero

En Tierra del Volcán uno de sus mayores atributos siempre ha sido la calidez de su atención, pero no se puede hacer de lado su afán por mantener el estilo de vida de hacienda, incluyendo su hábitat. Muestra de eso fue el avistamiento, hace menos de una año, de más de 20 cóndores. Incluso en la cabalgata que realizamos, Rafael notó la presencia de uno momentos antes de que nosotros pasemos. Lamentablemente eso ya no es muy común, sin embargo, su trabajo preservando el hábitat con varios proyectos han hecho que estos animales se mantengan en su entorno natural.

 

Caminando por senderos de la hacienda, es evidente cómo se preserva su entorno natural. En el trekking a la cascada en un paisaje tan abierto, verde y silencioso, nuevamente hace que nuestra existencia tenga otra perspectiva, en la que volver a lo esencial, es crucial.

Pero como también se trata de una estadía de descanso, Tierra del Volcán estrenó hace nueve meses su spa. Un lugar abastecido con un temascal, masajes y piscinas de relajación. Para mi, en estos espacios no hay nada que complemente mejor que un masaje. Cuentas con varios formatos y de distintas duraciones. En un ambiente muy cálido y confortable los músculos y el cansancio del día se desvanecen hasta caer rendido al descanso. Es placentero poder conjugar este tipo de actividades en ambientes tan tranquilos y alejados.

 

Este lugar, su gente, sus animales, sus paisajes y sobre tu viento; frío, fuerte, puro, me hicieron sentir viva de otra manera. Una en la que el silencio y la distancia son constantes recordatorios de lo maravilloso que es estar en el presente, por que es el único que regalo que tenemos.

Aprovecho cerrar esta nota, agradeciendo profundamente a todo el equipo humano de la hacienda. No solo es maravilloso conocer espacios únicos, pero reconocer a las personas que lo habitan y su cariño fue mágico. Gracias.