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POR: Taya Novoa
Fotos: Lifestyle KIKI

La falta de asombro en adultos me asombra; recientemente escuché que a cierta edad comenzamos a perder la capacidad de sorprendernos, que creemos que ya conocemos muchas cosas o peor todavía, que solo nos queda envolvernos en este remolino de preocupaciones, estrés, cuentas, deudas, etc. Aunque no se si estas sean las causas reales creo que vale la pena preguntarse el porqué y saber qué podemos hacer para no dejarnos rodear por esa vida amortiguada a la que lastimosamente nos estamos empezando acostumbrar.

 

 

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Es como si nos prohibieran asombrarnos porque sólo se nos permite tener respuestas correctas y actuar según lo preestablecido. Es como si convirtiéramos nuestra vida y todo lo que existe en un libreto estático y bien escrito. Que la vida se detiene si no cumplimos los requisitos adecuados para el trabajo adecuado, para la vida perfecta.

 

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Podría tratar de decirlo más dulce, pero creo que debemos ser conscientes de lo mucho que nos envolvemos en nuestras propias excusas, y sobre todo debemos comprender lo mucho que dejamos pasar. Nos limitamos a pensar que “hasta ahí esta bien”, ¨ya leí lo suficiente” , “ya no avanzo más” o tal vez un “me da igual”. Son factores que solo limitan el entendimiento personal, y al final del día nos restringen de conocer cosas nuevas o encontrar el gusto en algo que jamás imaginaste.

 

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No es sencillo volver a prender la chispa del asombro, pero al contrario de lo que muchos piensan, no requiere de tanto tiempo ni de sacrificios. Lo importante es realmente querer hacerlo y disfrutarlo, por el sencillo hecho de enriquecer a nuestro cuerpo y espíritu. Comenzando por aprender algo nuevo constantemente, una simple receta en youtube o probar clases de baile (en muchos lugares incluso te dan la primera gratis); tal vez hacer algo que hacías cuando eras pequeño, como jugar a las escondidas con tus amigos y recordar ese palpitar de tu corazón acelerado por el miedo a que te encuentren o quizás un piedra, papel o tijeras. Hay veces que en las cosas más pequeñas están las sonrisas más grandes.

 

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En mi caso encontré mi capacidad de asombro al retomar un viejo hobbie que es patinar. Amo el sentimiento del viento rozando mis mejillas o sentir mi pelo bailando con la brisa. Pero no piensen que hablo de acciones o trucos extremos. No puedo volver a patinar con la misma intensidad como cuando tenia 14, pero si con las mismas ganas.

 

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Para mi ha sido un reencuentro conmigo misma. Cada vez que cojo la patineta en mis manos al salir de casa vuelven a mí todos los recuerdos de las primeras veces que lo hacía, las caídas, los lastimados de mis piernas, las horas que pasaban sin que logre lo que me había propuesto y muchas cosas más que al final del día son recuerdos muy míos y que de alguna manera u otra han forjado características de mi carácter.

 

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Aunque ya no pase patinando tantas horas como antes, aunque mis piernas ya no tengan morados o que las caídas sean mucho más leves, no dejo de asombrarme de la emoción que me causa tomar mi patineta y salir a la calle.En especial cuando siento las ruedas tocar el pavimento, en ese momento siento que estoy sola en el mundo haciendo algo que me gusta. Es solo un momento, un instante que nos regalamos a nosotros mismos.

 

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Yo sé que en algún momento todos tuvimos un algo que nos fascinó hacer y que por algún motivo quedó en el cajón de los recuerdos. Pero no debe ser así, siempre hay maneras de retomarlo lo único que se necesita es la determinación y disciplina para decidirnos y actuar. Al final es solo UN TIEMPO.

 

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