Larga vida al BOCABIERTA

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Sin importar desde que punto de vista se lo vea, el Bocabierta es uno de esos lugares que nos hacen sentir como en casa a la vez que nos recuerdan a varios rincones del mundo en los que mezclar arte, gastronomía y el placer de pasar un rato tranquilo se junta. Y digo tranquilo en el sentido que aquí  se puede tomar desde un café, disfrazarse, arriesgarse a saltar al escenario, comer y mucho más sin pretensiones.

A simple vista, en plena Av. República y Rumipamba se ven retratos (desde Coco Chanel a Frida Kahlo),  parqueaderos transformados en lienzos y plantas que han crecido con el paso del tiempo. Es fácil dejarse intrigar por su estética, pero al entrar en el es como ingresar a un mundo de fantasía.  En un counter donde viven brujas, títeres, calaveras… encontré a Ana Julia Padilla, una de las personas detrás de esta gran idea. Nos sentamos en una mesa acompañadas de un genio, un cuento y un cascanueces.

Con alma de artistas por vocación o profesión, Ana Julia me contó que todo el lugar ha sido decorado en conjunto con ella, sus dos hermanas y su mamá. Nadie podría creer que hace más de 5 años ahí se encontraba una ferretería y un taller de cerámica. Ellas se han encargado que cada rincón tenga su magia y personalidad. Incluso los eventos que han sido organizados aquí tienen su propio afiche diseñado por su hermana Ana Paula. Algo que se ha convertido en una tradición del Bocabierta, cada artista tiene su personalidad, cada afiche es distinto.

La conversación se ponía cada vez más interesante, Liliana, la madre de Julia se nos unió; y con ella su pasión por todo lo que han logrado en estos tres años que han trabajado por mantener este lugar. Y es que el Bocabierta ha pasado desde crisis de identidad, al no saber si clasificarlo como restaurante, bar o galería de arte; si no que también por razones injustificables e incomprensibles han tenido que cerrar sus puertas por cerca de un año.  La cosa es que con sacrificio y sobre todo con la filosofía de hacer del arte un componente de la cotidianidad, el Bocabierta ha logrado lo que tal vez ningún lugar de Quito ha hecho antes. Crear un espacio donde muchos puedan compartir su arte y que muchos más lo puedan apreciar sin la necesidad de recorrer una galería, museo o auditorio de conciertos (de verdad que es difícil clasificarlos jajaja). Aquí no solo se encuentra un espacio para pasar buenos momentos, sino que también un espacio donde Quito ha creado una nueva alternativa de crecer social y artísticamente.

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«Nos gusta que la gente se sienta como en casa, aqui tenemos desde bicis y equips que nos han encargado por que hay confianza». Y no hablar de la cantidad de notas, libros, y arte que alguien se le ocurrio dejarlo para compartirlo con todos los que aprecian este tipo de espacios. Esperamos que sean mucho y que con el tiempo sean muchos más.

ATIENENDEN: De lunes a sábados

LO QUE HAY: Almuerzos Ñami (su nombre viene de lo que su padre les decía al momento de comer cuando eran niñas). Y carta abierta en las noches. Los dos son vegetarianos, ojo que yo no soy vegetariana, pero cada alternativa es deliciosa nunca he sentido la falta de carne. Como dice Julia “aquí nosotros compartimos lo que nosotros somos. Nuestro menú es parte de eso”.

MIÉRCOLES: Micrófono abierto (ya saben, si quieren cantar, recitar o simplemente hablar, aquí tienen su micrófono)

RECOMENDACIÓN: La jarra de canelazo de maracuyá hace magia. Su sabor y su efecto son los mejores 😉

Varias fotografías fueron tomadas el Fan Page del Bocabierta

Por More Cardona