Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

En medio de un jardín lleno de naturaleza está el estudio de Sara Holguín. Una chica de 25 años graduada en Fybers en Savannah College of Art and Design. Ella es fundadora de El Molle, una marca muy joven pero con varios años de trabajo dedicada al tejido de telares verticales y horizontales con un método 100% artesanal.

 

Cuando entré a su estudio me sorprendió ver un telar de casi dos metros que normalmente solo he visto en comunidades indígenas. En el se encontraban apuntes del tejido por realizar y cientos de hilos listos para desenredar y comenzar un nuevo telar. Mientras yo lo veía con detenimiento Sara puso sus manos sobre el y dijo “este es mi bebe”. A paso seguido nos sentamos a conversar más sobre su marca y trabajo.

Sara es una chica que tiene una pasión innata por los trabajos y procesos manuales. Su trabajo se destaca por ser 100% manual y utilizar insumos naturales, como fibras animales y/o vegetales además de tener un amor profundo por la botánica y la investigación de tintes que pueda incorporar. Entre sus obras se puede encontrar telares decorativos, galerías, instalaciones textiles, indumentaria y más.

Ella adquirió el conocimiento de cómo elaborar telares en clases académicas y técnicas. También recibió cátedras de historia del arte y textiles; pero se adentró mucho más los procesos artesanales gracias a un viaje de dos meses que realizó al Cusco en el que pudo convivir con comunidades indígenas con las que aprendió sobre técnicas de tejido y uso de fibras y tintes naturales. “Fue una experiencia única” me decía mientras llevaba las manos a su corazón. Esta experiencia le enseñó algo que va más allá del conocimiento de la técnica que aprendió en clases de universidad. “Desde que viví el trabajo que se hace cuidando cada uno de los elementos que componen estos telares, me rehúso a regatear a artesanos”.

 

Este fue una viaje que marcó la manera en que Sara vive y ejerce su profesión, pero es algo que no ha podido volver a experimentar en Ecuador, aunque ha intentado. En varias a ocasiones a viajado a comunidades para encontrar que cada vez es menos común encontrar procesos artesanales, por que su comercialización no es tan comercialmente atractiva o que, por otra parte, se desconfía de un tercero ya que han tenido malas experiencias en el pasado. “Hay veces que entiendo la desconfianza de los artesanos. He visto cómo llegan hacer pedido en los que se realiza pagos muy injustos… La consecuencias es que el conocimiento ancestral puede morir, incluso existiendo personas que lo queremos mantener vivo”.

 

El interés de Sara por mantener y trabajar con diversas técnicas se siente en cada uno de los trabajos que ha realizado tanto para elementos decorativos así como para textiles como los que realizó en el 2017 junto a Florencia Dávalos, es parte de su esencia investigar y experimentar para ejecutar nuevos procesos e ideas.

“Desde que comencé mi trabajo ha cambiando y seguro seguirá cambiando”. Es un movimiento constante de ensayos, errores así como de aprendizajes; en donde ver y sentir el error humano es parte de volver a la esencia de trabajos hechos con tiempo y entrega.

 

En sus redes @da.boch se la puede contactar para pedidos de tales y/o clases que brinda en La Tejedora.